Bruno García Pérez /
Secretario General de Comercio Jaén

Con mucho agrado respondo a la solicitud de colaboración de la publicación Ayer&hoy, en su número de diciembre, para escribir sobre la situación actual del comercio de proximidad, del comercio que muchos llaman de “toda la vida” o tradicional, ese que lo forman las tiendas del centro de ciudades y pueblos, las tiendas de barrio y los puestos de los mercados de abastos, el que con sus escaparates dan vida a nuestras calles, las llenan de luz y sonido y que en determinadas épocas del año, como puede ser la Navidad, se convierten en protagonistas de nuestra actividad de consumo y ocio.

De ese comercio es sobre el que tratará este comentario, esta reflexión, y sobre la difícil situación en la que se encuentra, asemejándose a un enfermo que entra en la U.C.I. y que precisa de unos cuidados intensivos para que no muera porque, a pesar de su aparente vitalidad del día a día, del subir y bajar persianas, se encuentra enfermo de gravedad.

No estamos siendo conscientes de su importancia, más de 130.000 comercios en nuestra comunidad autónoma, que dan empleo a cerca de 455.000 personas, lo que significa que uno de cada cuatro andaluces trabaja en el pequeño y mediano comercio de proximidad. Es, por tanto, una fuente de generación de empleo de tremenda importancia, que además fija a la población en muchas zonas donde el riesgo de despoblación es alto y abastece de productos de primera necesidad a muchas personas que no tienen otra posibilidad de hacerlo.

En definitiva, el comercio local constituye el elemento esencial de un estilo de vida que nos ha servido durante siglos para consolidar y fortalecer las estructuras socioeconómicas de pueblos y ciudades.

Pero en las últimas décadas se ha visto atacado, permítaseme el símil, por una oleada de enfermedades que, como decía, lo han llevado a una situación extrema. Por un lado, la implantación masiva de grandes superficies comerciales ubicadas en el extrarradio de las ciudades y, por otro, la llamada globalización de la distribución on-line. Ambos formatos han cambiado los hábitos de compra del ciudadano y han ocasionado el cierre de muchos establecimientos de proximidad.

Estamos ante una reconversión silenciosa frente a la que nada o muy poco se está haciendo de manera seria, ordenada y planificadamente. Sólo algunos intentos bienintencionados pero no suficientes para sacar al enfermo de la situación en que se encuentra.

En realidad, lo que el comercio local, urbano y de proximidad necesita es, antes de nada, decidir sobre si se quiere o no mantener este modelo de comercio de ciudad mediterránea que nos ha servido durante cientos de años.

Siendo ésto así, lo cual está por ver, habrá que sensibilizar a la población para que entienda que a la larga es mucho más interesante para nuestras ciudades, para su empleo, para su generación de riqueza local, mantener un comercio urbano fuerte y saneado, que optar por potenciar otros formatos de distribución comercial que poco aportan a la economía local.

Se trata de garantizar y mantener un equilibrio comercial en el que todos los formatos tengan cabida, pero en el que ninguno de ellos ocupe una posición de dominio como para acabar con el resto.
Tiene, por tanto, que concienciarse a la población sobre el riesgo que supone para las ciudades que se pierda su comercio de proximidad.

Todas las administraciones, sin excepción, han de hablar menos del pequeño comercio, del autónomo del comercio, y actuar más coordinadamente.

Ha de apoyarse al sector haciendo las ciudades más atractivas, limpias, luminosas, dinamizando sus calles comerciales, fomentando el ocio urbano, mejorando el transporte público, ampliando las infraestructuras de parking, es decir, haciéndolas más accesibles y amables.

Y por último, algo también imprescindible, ser autocríticos desde el propio sector, tomando conciencia de la necesidad de modernizarse, incorporándonos sin perder nuestra esencia al mundo tecnológico, adaptándonos a la demanda y a los nuevos hábitos de compra, sobre todo del nuevo y joven consumidor para recuperarlo y que entienda que la tienda de proximidad puede ser una opción.

Es posible que con estos esfuerzos podamos sacar al comercio de proximidad de la U.C.I. comercial en la que se encuentra. De no actuar así, sí que habrá una consecuencia rotunda, perderán los pueblos y ciudades y sólo ganarán unos pocos que nos intentan convencer día a día de que mantener al comercio local, urbano y de proximidad es ir contra los tiempos modernos y contra la revolución tecnológica y nosotros, ingenuos, les creemos.