Antonio Salas Sola /
Historiador del Arte y
Gestor Cultural

La secuencia antrópica de un municipio va dotando a este de una singularidad que solo es conocida con un estudio concienzudo de su historia, fundamentada en la mayoría de los casos por hallazgos arqueológicos y el legado patrimonial existente. Así es como la ciudad de Mengíbar se erige en protagonista de hechos históricos, de notable trascendencia, que han ido modelando su pasado, desde aquellos primitivos asentamientos neolíticos a la ocupación íbero-romana de Iliturgi en lugares como el Cerro de la Muela o Cerro Maquiz, cuya trascendencia han llenado ríos de tinta desde el siglo XIX a nuestros días.

Ese reguero de historia ha tenido como sujeto paciente al omnipresente río Guadalquivir, cuyo paso por el término municipal ha generado la protección y sustento de sus gentes a lo largo de seis milenios. Será con la ocupación islámica cuando se aprovecha una pequeña loma, a espaldas del mencionado río, para el desarrollo de una alquería que irá confeccionando la trama urbana medieval del municipio y que tuvo como elemento dinamizador una fortaleza, de planta rectangular en cuyas esquinas se levantaban torres circulares presentando en el centro una imponente torre, hoy único elemento defensivo conservado del antiguo castillo e icono monumental del municipio.

Izq.: La Torre mengibariana, catalogada como BIC, se eleva más de 25 metros de altura sobre rasante. Dcha: Una vista magnífica de la imponente Torre del Homenaje. 

El desarrollo de la Baja Edad Media en el municipio mengibareño va indisolublemente ligada a la fortaleza y a los avatares relacionados con la Casa de Trastámara, tanto en las luchas por la usurpación del poder en tiempos de Enrique IV, como por ser testigo directo del traslado del cuerpo difunto de Isabel la Católica en su peregrinar por tierras de castilla hasta su última morada en la ciudad de la Alhambra. El aspecto que presentaba la fortaleza mengíbareña en tiempos de estos acontecimientos poco difiere del que nos describe la literatura histórica moderna, desde Ximena Jurado a Spinalt, los cuales identifican una fortaleza con amplio patio de armas, de perímetro rectangular con sendos torreones redondeados y en el centro una majestuosa torre cuadrada que tanto Pascual Madoz como Romero de Torres, a finales del siglo XIX y principios del XX respectivamente, se encargaría de definir como Torre del Homenaje del antiguo castillo de la villa.

Arquitectónicamente esta torre se fecha, según fuentes consultadas, a finales del siglo XIII o principios del siglo XIV, construida con mampostería de piedra irregular, más cercana a soga y tizón en las esquinas. Cada lateral de la torre mide en torno a 13,70 metros y se eleva más de 25 metros de altura sobre rasante. En su alzado presenta elementos arquitectónicos presumibles a una infraestructura defensiva: saeteras o aspilleras, ventanas, arcos, canes y estructuras que apuntan a la existencia de matacanes, hoy desaparecidos. En lo que respecta al alzado se distinguen tres cuerpos, a los que se tiene acceso desde el muro este, a una altura de 1,90 metros, mediante un cuerpo de escalera que nos introduce en una planta baja rectangular cubierta con una bóveda de ladrillo. Esta primera estancia alberga una infraestructura a modo de pozo o aljibe excavado en el afloramiento rocoso natural sobre el que se asienta la torre. Una escalera ubicada en la sección noreste facilita el acceso al primer cuerpo, de condiciones planimetrías similares a la anterior descrita pero cubierta en este caso con bóvedas de cañón con ladrillo en espiga y arcos diafragmas ligeramente apuntados. El muro sur alberga en esta ocasión la escalera que comunica el primer y segundo cuerpo de la torre desde donde se tiene acceso a la terraza que, exenta de elementos arquitectónicos originales, presenta un pretil de piedra fruto de las últimas intervenciones realizadas en la torre.

Desde la cima de la torre se domina un horizonte estratégico que fue bastión innegociable en los límites del Santo Reino a merced del mismo Fernando III. La imponente fábrica arquitectónica de este elemento defensivo la convierten en una de las principales torres del homenaje de la provincia de Jaén y en la joya arquitectónica medieval del municipio mengibareño que, al amparo de su torre, ha buscado otorgarle el lugar que la historia le merece a raíz de su catalogación como BIC en 1985.

Izq.: Escaleras de acceso al interior del monumento. Dcha.: Escalera interior de la torre del homenaje de Mengíbar.