Lorenzo Barrionuevo, más conocido como “Bibi”, es poco menos que una institución en el mundo del motor jienense; aún hoy, ya jubilado, no suele faltar a su cita de mañana y tarde a su taller, que más que su trabajo ha sido gran parte de su vida… aunque ya pasó el relevo a su hijo, también Lorenzo, el cual capitanea el devenir diario con Manolo, que fue la mano derecha de su padre en el negocio desde siempre.

Aunque a regañadientes en algunos casos, el padre acepta las directrices de su hijo, convencido de que su taller electromecánico ha pasado a las mejores manos; estos cinco lustros de sabiduría entre bielas, pistones y discos de embrague han delegado en la siguiente generación.

En el mundo del motor de la capital del Santo Rostro no hay mecánico, concesionario de vehículos o amante de las cuatro ruedas que no conozca esta emblemática firma. Así de claro.

Izq.: 50 años cumple el taller Barrionuevo. Centro: Lorenzo Barrionuevo, padre e hijo, o ‘Bibi’ y ‘Loren’, en el taller. Dcha.: Loren, en plena faena y uno de los paneles de herramientas del taller. 

El taller Barrionuevo, con una dilatada trayectoria cercana a los 50 años, es parte del alma de su barrio, el Pilar del Arrabalejo; es uno de los negocios con más solera, fruto de la experiencia en las distintas disciplinas de la electromecánica y el buen trabajo diario, no por azar.

Comencemos por el principio: Lorenzo, a los trece años, siendo apenas un “cadete”, ya era aprendiz en un taller cercano al suyo; cuando se incorporó al servicio militar, salió de su trabajo ejerciendo ya de oficial, y a la vuelta de su deber con la patria siguió su profesión, en una cochera colindante a su casa. Comenzó por su cuenta, para posteriormente abrir, en el principio de los 70, su actual taller.

En esta época nunca le faltaron aprendices, tal y como él hizo en su momento; más buenos que malos, el oficio se “pulía” con la tarea diaria y los pocos manuales que tenían, lejos del “Google” actual. Aprendías o aprendías, no te quedaba otra.

Del coche americano al nacional.- Los años fueron pasando y los coches americanos dejaron espacio a los nacionales: del Ford al Seat 600, y de los camiones Pegaso (que también arreglaban) al utilitario. Pese a estos cambios, Barrionuevo padre apostilla que, aunque la mecánica actual es más compleja, los vehículos de los 70 también contaban con unos complejos sistemas eléctricos para su época. Amante de los vehículos clásicos, como el Renault Caravelle que aún conserva, Lorenzo ha sabido cuidar a la clientela, ofrecer confianza y mimar estas “joyas sobre Ruedas” hasta la actualidad.

Detalles del taller.

Toca cambio de turno: llega su “jubilación” (por decir algo) y pasa el testigo a su hijo Lorenzo. Nuevos aires para nuevos tiempos.

Lorenzo hijo, “Loren”, lleva desde pequeño en el taller, a la sombra de su predecesor; tiene un ADN de la mecánica en las venas. Tal es así que, aunque se formó en trabajo social en la Universidad de Granada, las llaves inglesas y los pistones pudieron más: de tal palo….

La forma de trabajo actual del taller ha cambiado mucho en formas, pero no en esencia. Han pasado de lo totalmente manual a los ordenadores (savia nueva), pero sin dejar demasiado lejos el taladro manual; la clave es la innovación sumada a la experiencia. De hecho, Lorenzo se lamenta de que lo peor no es la mecánica, sino la burocracia: tiene que ser administrativo, gerente, operador telefónico… mientras conecta un ordenador a una centralita de un coche actual, para revisar un relé. Una odisea.

Como continuación a los contratiempos, viene la pandemia. Si los coches no circulan, su negocio tiene poco sentido; toca “capear el temporal”, hasta que las aguas, como ahora parece, se están calmando. Lorenzo cuenta con la ayuda inestimable de su padre y de Manolo, vitales para tiempos revueltos, y así han salido de la pesadilla pandémica (de momento).

Al igual que su predecesor se declina por los clásicos, Lorenzo también los adora, pero principalmente los de los años 80; un guiño a los mismos es el póster del “AMC Delorean” que decora el local, flanqueado por los rótulos de “Magnetti Marelli” de su padre.

Un Citroën 2 cv a la entrada y otro rincón del negocio.

Algo escéptico con los híbridos y los eléctricos, Barrionuevo cree que todavía no ha llegado su momento de verdad, pues la clientela prefiere los de combustión; en relación a la misma, opina que para fidelizar al cliente hay que tratarlo con honestidad.

Por citar una anécdota, este taller fue el elegido para arreglar, in situ, un “Rolls Royce” estropeado en el parador de Jaén, previas instrucciones de la casa en Madrid. Ahí es nada.

Dejamos a sus tres mecánicos, y se cierra el portón. Mañana será otro día, y en su taller contarán, a buen seguro, al igual que ayer, con sus fieles clientes, como lo han hecho en los últimos 50 años.

Texto: Manuel Miró
Fotos: M. Miró, taller Barrionuevo