La muy noble, hidalga, andariega y, muy a su pesar, desmontadora de mitos, tuna decana de jaén cumple seis décadas en plena forma

La Tuna de la Escuela Politécnica Superior de Jaén o la Tuna de Peritos, a secas, es la tuna decana de la capital. Nació en 1.960 y, dos refundaciones después, la última data de 1.991, parece haber hecho bueno aquello de “a la tercera va la vencida” y retomado el esplendor de épocas pasadas. La compone un muy noble, muy hidalgo y muy andariego grupo de sesenta personas siempre presto a dar la talla (que no la nota, ojo) con la beca roja cruzada por una franja negra que simboliza a la institución de raíces universitarias. Una trayectoria de seis décadas que es a su vez historia pura de Jaén y cuya banda sonora la componen clásicos como “Clavelitos”, “La Morena de mi Copla” o, cómo no, “Flor Marchita”, un tema compuesto por Nicolás Colodro para la Tuna de Peritos en 1.968 que, a día de hoy, es uno de los más cantados en España y en el mundo. Patrimonio y orgullo de la “Decana”, como también lo son nombres propios como Antonio Abolafia, quien fuera profesor y director de la antigua Escuela de Peritos y que ejerció un papel clave en las dos refundaciones que ha vivido la institución (1.980 y 1.991), tunos de la primera generación como Manuel Luna y Juan Ramón Salido o los más recientes José Antonio Ponce, Marcos López, Manuel Cruz, José Antonio Laserna y Enrique Roldán.

Izq.: Juanjo Armijo, jefe de la tuna de Peritos de Jaén. Centro y derecha: Dos instantáneas de la tuna en los años 60 y en la década de los 80.

Los juglares del siglo XXI son los encargados de mantener viva una institución con siglos a sus espaldas y raíces universitarias. Pero también víctimas de una percepción muy negativa de la imagen del “pícaro”, protagonista de un subgénero literario y de la picaresca tan propia de nuestra mentalidad. Para que nos entendamos, en el fútbol, pícaro es sinónimo de inteligencia y astucia. Y da igual que metas un gol con la mano en la final de un Mundial o que por engañar al árbitro expulsen a un compañero de profesión. ¿Qué más da? El pícaro del fútbol mola. El de “playa”, que caracteriza Fermín en la exitosa serie “La Que Se Avecina”, también. Pero el tuno, no. Y ya está. Porque el pícaro de una tuna, parece ser, solo puede ser “borracho, vividor y mal estudiante”. “Los estereotipos han hecho y nos siguen haciendo mucho daño”, reconoce Juanjo Armijo, que en 2015 inició su segunda etapa como jefe de tuna y que, en su intento de desmontar mitos como el que dice que se trata de una institución machista y anacrónica, ha organizado actividades como las jornadas “Mujer y Música”. En este sentido, Armijo reconoce no entender, por ejemplo, la polémica que se suscita cuando alguien de una tuna muestra su predilección por las tunas masculinas o femeninas en detrimento de las mixtas. “Es solo mi opinión personal y nos encanta que Andalucía lidere el mundo de las tunas femeninas”. “Ni somos machistas ni tenemos una tendencia política concreta”, añade, para explicar que la tuna de Peritos, más bien, “es un espacio abierto y neutral que te permite aprender a tocar un instrumento, viajar gratis y tener, en cierto modo, un rasgo distinto en la universidad”, resume “C-15” (todo tuno que se precie debe tener su apodo). ¿Una manera lúdica de vivir la etapa como universitario? Por supuesto, pero que nadie se equivoque: un tuno canta, hace rondas, viaja por el mundo o participa en un acto benéfico, pero sí, también estudia. “Aquí se entra como estudiante y se sale trabajando”. “No es una fórmula mágica, pero ¿cómo va a restar en una entrevista de trabajo tener las tablas que te dan viajar o vender discos en la calle o tratar con la gente?

Más allá de estigmas, la picaresca del tuno no difiere mucho de la de los juglares o de la de los sopistas, aquellos universitarios “tiesos” que rondaban tabernas o conventos regalando su música y alegría a cambio de sopa boba. Lo que pasa es que antes los tunos empleaban su don para subsistir y ahora, para pagarse las fotocopias o algún capricho. “Se puede callejear dignamente. Al que va a invitarte a comer, darte un euro o invitarte a su limusina (que les ha pasado) hay que ofrecerle algo a cambio”. Y un tuno debe ser servicial y un caballero, además de mostrar buena voluntad y una sonrisa. “Cuando alguien nos ve”, sentencia Juanjo Armijo, “debe ver alegría y formalismo”.

Izq.: Presentación de la tuna en el año 1991. Centro: En San Antón 2020. Dcha.: La tuna de Peritos en el Certamen de Cazorla en 2019.

Sea como sea las tunas, por norma general, suelen tener una mayor aceptación fuera de nuestras fronteras. En Jaén, por suerte, siguen sintiendo el cariño de la gente. “Aquí somos sinónimo de alegría porque llevamos toda la vida y muchos, cuando nos ven, recuerdan alguna boda o evento en el que hayamos coincidido”. No resulta complicado cuando formas parte de una tuna que, literalmente, acude allá donde la reclaman ya sea para una serenata o ronda, una boda, un acto benéfico o, incluso, un entierro. Y es que la “Decana” lo mismo te ameniza una despedida de matrimonio (que sí, también les ha pasado) que te graba un disco, como hizo en 1998, o te organiza, con éxito organizativo y de público, hasta nueve certámenes internacionales en la ciudad de Jaén, con la que mantiene unos fuertes lazos y sentimiento de identidad.

Otro rasgo distintivo de la Tuna de Peritos es su carácter viajero. Portugal, Holanda, Méjico, Francia, Perú… la lista de países en los que han dejado su huella es muy extensa. Para hacerse una idea basta con echar un vistazo a sus capas. En ella cuelgan los escudos de cada lugar que visitan por lo que, en cierta manera, viene a ser su currículum vitae, además de una de sus prendas habituales (que no imprescindible) de un tuno, junto con los pantalones cervantinos, los lazos o la beca de la universidad. La vestimenta, así como muchos momentos y etapas de un tuno, como el bautizo o el proceso de novato a veterano, está cargada de misticimos y liturgia.

Texto: Ayer&hoy
Fotos: Ayer&hoy, Tuna de Peritos de Jaén